Siempre estamos oyendo lo malos que son los hidratos de carbono para nuestro organismo y lo prohibidísimos que están en cualquier dieta, ya que son los eternos enemigos de la pérdida de peso. ¡Si pretendes adelgazar no se te ocurra acercarte a un carbohidrato o explosionarás! o eso nos hacen creer. Pues bien, hoy vengo a contaros la verdad sobre los hidratos de carbono y cómo afectan a nuestro organismo.

Podemos distinguir dos tipos de hidratos de carbono: los que tienen un índice glucémico alto y los de índice glucémico bajo. Los primeros son hidratos de carbono simples, como pueden ser el azúcar y sus derivados, como las golosinas, bollería, harinas refinadas y sus derivados, como arroz blanco, pasta etc

Por el contrario los hidratos de carbono de índice glucémico bajo son todos los alimentos integrales, es decir todas las harinas y granos enteros (sin refinar).

Cuando ingerimos cualquier hidrato de carbono, éste es metabolizado por nuestro aparato digestivo y continúa su viaje para repartirse entre todas nuestras células, cuando llegan a las células son recibidos por la insulina, que actúa como un portero que ayuda a pasar a los hidratos de carbono a cada célula.

Cuando consumimos hidratos de carbono de índice glucémico alto, estos son metabolizados rápidamente por nuestro aparato digestivo, llegando muy rápido y todos a la vez a las puertas de nuestras células, esto genera una sobrecarga de trabajo a la insulina, lo que obliga a nuestro cuerpo a producir más en un corto periodo de tiempo. Al ser la digestión tan rápida, la sensación de hambre aparecerá en seguida. 

Los hidratos de carbono que no logran pasar a las células se convierten en grasa y se almacenan.

Sin embargo cuando nuestro organismo tiene que metabolizar los hidratos de carbono de índice glucémico bajo, lo hace mucho más despacio por el gran aliado que contienen estos alimentos; la fibra. Ésta ralentiza la digestión mandando los hidratos de carbono hacia las células de forma paulatina. 

Esto tiene ciertas ventajas. No forzamos a nuestro cuerpo a la secreción extra de insulina, tenemos sensación de saciedad más tiempo y mantenemos los niveles de energía constantes.

Así que, como podéis ver, el problema no son los hidratos de carbono en sí, si no el tipo de hidrato de carbono que ingerimos. Siendo preferibles los de índice glucémico bajo, ya que su alto contenido en fibra será nuestro aliado para que no nos entre hambre rápidamente, no se nos disparen los niveles de insulina y no tengamos continuamente esa sensación de cansancio.