¿Cuántas veces hemos dicho?: “Tengo hambre todo el tiempo”, "Me comería un elefante", "Me duele la cabeza del hambre", "No puedo parar de comer"

Todas estas frases se relacionan con el hambre, pero hay diferencias. No todas las frases se refieren al mismo tipo de hambre. Es bueno saber diferenciar el hambre física del emocional, ya que ambos se tratan de diferente manera. Amenudo empezamos una dieta sin darnos cuenta de que el hambre emocional aumenta cuando estamos a dieta y esto puede provocar una situación peor. 

Hambre físico

El hambre físico se da por la falta de comida, por no comer en varias horas o por comer de manera insuficiente. El cuerpo empieza a manifestarlo con dolor de cabeza o de estómago, incluso nos puede llegar a provocar el típico mal humor de “hambre”. La solución es comer, nada más y nada menos. Se come, el estómago manda la señal al cerebro de qué hay comida, y problema solucionado. En estos casos, cualquier alimento nos vale, porque lo que necesitamos es calmar esa sensación. El hambre físico aparece poco a poco, requiere cualquier alimento, se para de comer cuando se está satisfecho, no se siente culpa al terminar de comer, ocurre por una necesidad física y las elecciones suelen ser más sanas.

Hambre emocional 

Este es más difícil de combatir. Este tipo de hambre hace que tengamos hambre “todo el tiempo” y que nada nos llene, porque el cerebro utiliza la comida para evadir problemas, emociones y pensamientos. Suele darse con atracones, comidas de mala calidad, comer de más o picar entre horas. Se debe hacer tratamiento nutricional y/o psicológico dependiendo de la profundidad del problema. El hambre emocional viene de golpe, se come lo que sea, cuesta más satisfacerse, se siente culpa y suelen ser elecciones menos sanas. Se relaciona con las emociones, como por ejemplo, peleas con la pareja, con la familia, nervios por exámenes, por casamientos, aburrimiento, enojo, tristeza, y hasta felicidad.

El ser humano no vive con hambre salvo que no se esté alimentando bien, así que, si te estas alimentado bien "tener hambre siempre" es un gran indicador del hambre emocional.

Cuando aparece el hambre emocional, el cerebro le dice al estómago que no le importa que no tenga hambre, que él toma las decisiones, quiere serotonina. Esta hormona controla nuestro humor y también se asocia al placer. De aquí salen esos cambios de humor constantes cuando estamos a dieta. 

Cuando uno sabe que puede comer de todo en porciones normales, el deseo por la comida baja. A veces se suele pensar que la comida es adictiva, pero no es así, en general son las emociones lo que hace que uno quiera comer de más. Es la relación que tiene la persona con la comida.

 

 Se puede aprender a controlar los picos de ansiedad distrayéndose, haciendo algo que no sea ir a la cocina, al supermercado, con métodos de relajación etc pero la realidad es que mientras no arreglemos lo que nos provoca esa ansiedad seguiremos luchando siempre.

Como siempre aquí abajo te dejo mi lectura favorita en lo referente a hambre emocional y relación con la alimentación. Lo que mas me gusto de Psiconutrición es lo identificada que me sentí durante todo el libro con los ejemplos que las autoras ponen. Como nuestro cerebro va a su rollo sin que nosotros nos demos cuenta. Ser consciente de esos detalles te ayuda a cambiar ciertas formas de acuar con la comida.

¡Fascinante! 😳